miércoles, 14 de febrero de 2018

EL SOL OSCURO, DE TROY DENNING: UNA CONSTANTE LUCHA POR LA HEGEMONÍA POLÍTICA

El tirano Kalak ha regido durante más de mil años los destinos de millones de seres en Tyr. Los poderes que lo han hecho inmortal han corrompido y desecado las tierras y los bosques. Ahora, Kalak quiere asombrar al mundo con sus Juegos. Hace capturar a las bestias más fantásticas y salvajes para ser los oponentes de sus esclavos gladiadores, y hará construir un colosal zigurat para colmar su megalomanía y sus ansias de poder.

El Sol Oscuro se desarrolla en el planeta ficticio Athas. Las novelas y los libros fuente se llevan a cabo principalmente en la región de Tyr. Athas tiene un solo sol carmesí y dos lunas llamadas Ral y Guthay. El clima brutal y el dominio opresivo de los reyes hechiceros han creado una cultura corrupta, sedienta de sangre y desesperada que deja poco espacio para las virtudes caballerescas comunes a los entornos de fantasía (de ahí por qué los paladines son excluidos del escenario). La esclavitud está muy extendida, la gente es violenta y los monstruos vagan por los desechos más allá de los refugios seguros de las ciudades-estados y pueblos. 
La magia Arcana extrae su poder de la fuerza vital de plantas o criaturas vivas con el potencial de causar un daño tremendo al medio ambiente. Como resultado, los hechiceros y otros lanzadores arcanos son despreciados y deben practicar en secreto. Los psiónicos son extremadamente comunes y casi todos los seres vivos tienen al menos un mínimo de capacidad psiónica. Debido a la escasez de metal, las armas y armaduras están hechas de materiales naturales como hueso, piedra, madera, caparazón u obsidiana. 
Athas no tiene deidades ni religiones formales aparte de los falsos cultos creados por los reyes hechiceros. Existe cierta controversia en el material de origen sobre si hubo deidades o no en el entorno. La información sobre las tierras conocidas de Athas son debidas a la labor del Nómada de Tyr, un incansable viajero que ha visitado multitud de sitios y que ha puesto el nombre de su ciudad natal a una región.
Comienza la edad azul edénica cuando Athas estuvo una vez cubierto con un vasto cuerpo de agua vivificante bajo un sol azul. Los halflings gobernaron Athas durante este tiempo, construyendo una poderosa civilización. Eran maestros de la naturaleza y formadores de vida, capaces de producir todo lo que necesitaban manipulando los principios de la naturaleza misma. Si bien la mayoría de los medianos maestros de la naturaleza trabajaron en concierto con el medio ambiente, algunos intentaron superar los límites con el fin de hacer que la naturaleza se doble en formas que nunca se pensó. 
Desesperados por salvarse a sí mismos y a Athas, los halflings usaron su dominio de la naturaleza para construir la Torre Prístina, un poderoso talismán que podría usarse para destruir la marea marrón mediante el aprovechamiento de las energías del sol. La Torre Prístina cambió el sol de azul a amarillo y su luz quemó la marea marrón, pero también cambió el planeta. El mar infinito retrocedió revelando un mundo verde de vida vegetal conocido como la Edad Verde. La civilización de los halflings llegó a su fin y la mayoría de ellos se retiró del mundo a las montañas y al subsuelo, convirtiéndose en una espiral de salvajismo. Los últimos maestros de la naturaleza se transformaron en nuevas razas, convirtiéndose en humanos, semihumanos y otros humanoides que repoblaron el mundo y construyeron nuevas civilizaciones. Esta transformación se llama Renacimiento.
El entorno de El Sol Oscuro atrajo gran parte de su atractivo de las imágenes del artista Brom : "Diseñé bastante el aspecto y la sensación de la campaña de El Sol Oscuro. Estaba pintando antes incluso de escribir sobre el entorno. Hacía una pintura o un boceto, y los diseñadores escribieron esos personajes e ideas en la historia. Estuve muy involucrado en el proceso de desarrollo ".
Un crítico de la revista británica Arcane comentó: "Hay un montón de atmósfera en El Sol Oscuro y, a pesar de la aparente uniformidad de la geografía, se ha dedicado una gran cantidad de imaginación a detallar sus diversas regiones". El revisor concluyó que "si la sangre en la arena es la bolsa en la que te encuentras, encontrarás muchas cosas para disfrutar bajo el sol oscuro".
Y finalmente, a través de umbrales mágicos, se puede acceder a otros planos y dimensiones. Estos otros lugares incluyen los planos elementales y los Mundos Negro y Gris. El mundo Negro se superpone y está integrado con la realidad. Es una fotografía en blanco y negro del mundo material. En el caso del mundo Gris, es un lugar donde van las almas de los difuntos athasianos. Bordea y se superpone a la realidad, pero aislado de los planos elementales, y además hace de barrera de los planos exteriores, impidiendo la injerencia de criaturas divinas, celestiales o infernales en Athas.
Los personajes principales, lejos de salir indemnes de sus aventuras como Drizzt Do Urden o los amigos de la Dragonlance- pasan muchìsimo trabajo, y sufren abundante castigo físico y mental. Las batallas son espectaculares y las luchas de gladiadores constituyen una delicia para aquellos lectores que gustan de la acción física.

jueves, 11 de enero de 2018

CAPÍTULO I - UNA EXPEDICIÓN ARQUEOLÓGICA

Por mis venas corre la sangre de colonizadores puritanos, que llegaron a Norteamérica en 1620. Huían de la persecución en tierras británicas, por pensar que la Iglesia de Inglaterra había adoptado demasiadas prácticas de catolicismo. Aun así, fui bautizado de muy pequeño con el nombre de Pedro Sanders. Me parece admirable que ese grupo de místicos contestatarios tuviera el valor de llevar su cultura a territorios casi desconocidos para los europeos. Es por eso y otras razones, que me complace saber que soy el último de esa línea genealógica nacido en el Perú, que probablemente continuará con el linaje de esos memorables antepasados.

Mi salud fue la de un niño normal, aunque mi madre falleciera a la hora de alumbrarme. Fueron mi padre y abuelos quienes se encargaron de mi crianza. A pesar del dolor de la temprana pérdida, las heridas en el alma poco a poco fueron cicatrizando; ellos propiciaron un clima familiar favorable para la convivencia. Procuraron brindarme la mejor educación que estuvo a su alcance. Éramos una familia unida, y yo los amaba y respetaba con devoción sincera.

Grata fue la noticia cuando me anunciaron que había sido aceptado para seguir estudios superiores en la Pontificia Universidad Católica de Lima. No hablaré sobre mi formación académica para aligerar esta historia. Me las había arreglado para elaborar un perfil profesional que reuniera los requistos pedidos. Pasaría muy poco tiempo hasta que me avisaron que había obtenido el puesto de trabajo en una organización no gubernamental. Al parecer, mi hoja de vida estaba al nivel de la institución, y me ofrecían un sueldo atractivo para un jovencito que recién incursionaba en la vida laboral.

Algunos días después, me avisaron que viajaríamos al complejo aqueológico de Caral (al norte de la provincia de Lima), para participar en una expedición arqueológica. Debía ocupar la función como asistente de investigación en trabajo de campo. Tomé con agrado la propuesta, e hice lo posible para dejar todo arreglado y prepararme para el paseo. Luego, me despedí de mis familiares y me dispuse a emprender el corto viaje. Al llegar al lugar indicado, tuve que ponerme bloqueador solar para protegerme del cáncer a la piel, pues el clima es cálido en esa área geográfica. Pronto me di cuenta que ser antropólogo no era suficiente para saber cómo desenvolverse en el terreno. Por suerte, obtuve el apoyo de algunos miembros del equipo, quienes rápidamente me enseñaron la mecánica del trabajo.

La visión del atardecer del tranquilo arenal, que colinda con la playa en el litoral costero, era una verdadera delicia estética. Junto a un compañero de trabajo que recién conocía, nos separamos del grupo para descansar. Al rato, sentí un poco de hambre y se me ocurrió ir a buscar algo para comer. Saqué una caja de jugo y abrí una lata de conservas para alimentarme llenando así el estómago Me había alejado un poco del campamento. A los pocos minutos, escuché un sonido que me llamó la atención; una vibración que provenía de algún lugar entre las antiguas ruinas Caral.

Miré alrededor y vi un objeto pequeño que reverberaba a unos cuantos pasos, me acerqué y lo recogí. Parecía tratarse de un artefacto de metal. Lo toqué y los vellos de la nuca se me erizaron. Ignoraba cuánto tiempo había pasado. El corazón me latía agitadamente, por el temor y la altura. ¿Dónde se encontraría  mi compañero? ¿Por qué me había abandonado a mi suerte? Estas preguntas me provocaron una angustia profunda, al no saber qué ocurriría conmigo en ese inhóspito territorio. Asumí que mi compañero se había ido y me encontré perdido entre el desierto con la sensación de una extraña soledad.

Examiné el misterioso objeto a la luz del encapotado cielo. La escritura grabada en la pantalla del mecanismo no parecía a ninguna conocida. Al presionar mi pulgar el botón, no se encendió ninguna señal. De mala gana traté de atravesar a la fuerza el artefacto con un abrelatas. A pesar de lo liviano que parecía ser, opuso resistencia al metal, como si tuviera que vérmelas con un bloque de acero. El abridor se torció hacia un lado, mientras el objeto no tuvo ni un simple rasguño. Probé apretando el pulgar derecho sobre el círculo en la pantalla. Tal como esperaba se encendió con un sonido metálico.

El extraño artefacto proyectó una imagen que se materializó lentamente, aunque en mi estado de excitación apenas reparé en ello. Una mujer cubierta con una ligera túnica parecía necesitar ayuda. La proyección se interrumpió y la imagen se desvaneció en el aire frío. Me quedé helado cuando observé en el monitor la fecha del mensaje. Había sido grabado el 2 de abril de 1.640. Curiosamente, el día en que esto acontecía también era un 2 de abril. Por unos minutos, empecé a sollozar, mas luego me di una sacudida y comprobé que no soñaba; que en mis manos tenía una mensaje; que había llegado a destino más de trescientos cincuenta años después de haber sido enviado.
Aun ahora recuerdo con tristeza cada palabra del mensaje:
…Por cuanto he dejado demostrado que el Padre es un mito inventado por Mikhal con el objeto de retener el gobierno de Hemera en el nombre del Padre para imponer el fraude sobre toda la creación, puesto que nunca ha vuelto trayendo una idea muy clara de la personalidad auténtica del Padre tal como se la discierne en el Paraíso; estoy dispuesto a reconocer a Mikhal como mi Padre Creador, pero no como mi Dios y gobernante legítimo…
Declaración de Libertad de Laezrel, Soberano Absoluto del Sistema Hemera.
Proyecté el mensaje dos veces más, y mientras lo hacía, me iba sintiendo más intranquilo. No sabía de cuánto tiempo disponía antes de que oscurezca, pero quizá lograría encontrarme con los demás miembros del equipo de trabajo. Invadido por la inquietud seguí caminando hasta el cansancio. Me puse las botas y la camisa, recogí la mochila y apagué la fogata. Tenía la sensación de ser observado, una sensación bastante incómoda. Había perdido mi sentido de orientación.

¿Acaso no eran sus intenciones que conservara el extraño artefacto?  De todos modos, todavía me quedaba la brújula para guiarme. Ella me auxiliaría. Pero al tomar la mochila y buscar ¡Empezaba una ventisca que pronto acabaría conmigo! El polvo se levantaba por el aire seco y me cegó la visibilidad. Por primera vez después de haber hecho el hallazgo caí en crisis. La brújula había sido mi ancla, mi apoyo, algo en que confiar. De pronto, se escuchó un ruido intenso: indudablemente mi propia voz, que estalló en un alarido repentino y asustado que siempre recordaré con humillación.

Momentos después salí corriendo como un niño desesperanzado. Ya no recuerdo cuánto tiempo corrí. Quizá durante algunas horas, quizá sólo unos minutos. Muchas veces tropecé o caí, y los rayos del astro rey herían mi visibilidad.  De repente salió la luna e iluminó la pendiente con su débil luz. Caí al suelo exhausto deseando intensamente que nada de esto hubiese ocurrido. Entonces anhelaba más que nunca volver a mi rutina habitual en mi cómodo departamento en la capital.

Por primera vez en mi vida había sentido un miedo incontrolable, al que me había sometido por completo, como a una fuerza a la que no puede ofrecérsle ninguna resistencia. Debía cuidarme de este poder. Miré a mí alrededor y distinguí la árida meseta rocosa sobre la que había instalado mi campamento, y las cenizas del fuego. Había regresado al campamento.

La tierra bajo mis pies empezó a agitarse. Una presión contra mis músculos doloridos y el cuerpo bañado en sudor hacían más dramática la situación. Me consolaba pensar que era algo positivo sentir dolor, eso me indicaba que aún estaba vivo y con fuerzas para seguir luchando para encontrar el camino de regreso a casa. Al mismo tiempo me pareció que algunas piedras empezaron a desmoronarse de las milenarias construcciones. No estaba seguro que estas percepciones fueran reales después de todo. Aunque esas  imágenes se quedarían estremecedoramente grabadas en mi memoria.

Luego pude observar que un destello luminoso palpitaba en el cielo nocturno cerca de los vestigios arqueológicos. Debía mantenerme calmado y seguir caminando, con mi mochila y el misterioso artefacto dentro de ella. El recuerdo de la bella mujer del holograma repercutía en mi mente. Después de unos minutos sentí como si fuera devorado vertiginosamente por un agujero en el cielo y no supe más.